Durante décadas, los gases fluorados (HFC) fueron el estándar indiscutible en refrigeración industrial. Hoy, sin embargo, cada vez más instalaciones nuevas optan por refrigerantes que llevan más de un siglo conociéndose: el CO2 (R-744) y el amoníaco (R-717). No es una moda pasajera, sino una respuesta directa a la presión regulatoria europea y a las ventajas técnicas que estos gases ofrecen cuando la instalación está bien diseñada.
Por qué la normativa europea empuja hacia los naturales
El Reglamento F-Gas de la Unión Europea establece una reducción progresiva de la cuota de gases fluorados disponible en el mercado, con el objetivo de eliminar prácticamente su uso en las próximas décadas debido a su elevado potencial de calentamiento atmosférico. Esto encarece progresivamente el HFC restante y obliga a las empresas a planificar la transición hacia alternativas con menor impacto ambiental antes de que la normativa se lo exija de forma repentina.
CO2: eficiencia en sistemas transcríticos
El dióxido de carbono como refrigerante tiene un potencial de calentamiento global prácticamente nulo en comparación con los HFC. Los sistemas transcríticos de CO2, cada vez más habituales en supermercados y almacenes frigoríficos, permiten además recuperar el calor de condensación para otros usos de la instalación, como climatización o agua caliente sanitaria, lo que mejora notablemente la eficiencia energética global del edificio.
Amoníaco: la eficiencia térmica que no ha sido superada
En grandes instalaciones industriales, el amoníaco sigue siendo difícil de igualar en términos de eficiencia termodinámica. Es el refrigerante con mejor rendimiento por unidad de energía eléctrica consumida, algo especialmente relevante en un contexto de precios eléctricos elevados. Su principal limitación es la toxicidad en caso de fuga, lo que exige diseños de sala de máquinas, detección de gas y protocolos de seguridad muy estrictos, perfectamente asumibles con una ingeniería adecuada.
La transición no es solo ambiental, también es económica
Más allá de la presión normativa, la razón de fondo por la que muchas empresas industriales están dando el salto a los refrigerantes naturales es puramente económica: aseguran la instalación frente a futuras subidas de precio o restricciones de suministro de gases fluorados, y en la mayoría de los casos consiguen reducir el consumo eléctrico de la planta frigorífica a medio plazo. En Frío Coruña acompañamos a nuestros clientes en ese análisis, evaluando caso por caso si la inversión en una instalación de CO2 o amoníaco tiene sentido técnico y económico para su actividad concreta.
